El EBITDA, los ingresos antes de… todo lo importante

Cuando se evalúa la salud financiera de una startup, dos métricas clave suelen aparecer en la conversación: el EBITDA y los flujos de caja.

¿Qué es el EBITDA?

El EBITDA (Beneficio antes de intereses, impuestos, depreciación y amortización) muestra la rentabilidad operativa de una empresa. En otras palabras, indica si la startup está generando ganancias con su modelo de negocio sin tener en cuenta factores como la deuda o la depreciación de activos. Para una startup, tener un EBITDA positivo puede ser una señal de que el modelo de negocio es rentable, pero muchas startups en fases iniciales no tienen un EBITDA positivo debido a altos gastos de crecimiento.

¿Qué son los flujos de caja?

Los flujos de caja se refieren al dinero real que entra y sale de la empresa. A diferencia del EBITDA, que mide la rentabilidad operativa, los flujos de caja muestran la liquidez real de la empresa: si tienes suficiente dinero para cubrir tus gastos inmediatos, como sueldos, proveedores y deudas.

¿EBITDA o flujo de caja?

Aunque el EBITDA puede ser útil para medir la rentabilidad, el flujo de caja es más crítico para la supervivencia de una startup. Puedes tener un EBITDA positivo pero, si no tienes liquidez, podrías quedarte sin dinero para cubrir tus operaciones diarias. Para una startup, lo más importante es asegurar que puedes pagar tus gastos y cubrir deudas importantes (como un préstamo ENISA) sin poner en riesgo el funcionamiento del negocio.

Un buen flujo de caja te da tiempo (el runway) para llegar a la siguiente ronda de inversión o mejorar la rentabilidad sin temer quedarte sin efectivo. La clave es asegurarte de que, aunque el EBITDA pueda no ser positivo al principio, siempre tengas suficiente dinero para seguir adelante y hacer frente a tus obligaciones.

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